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A partir del lunes mismo, las cosas en mi curro van a cambiar.
Inspirado por las Musas he visto... Es decir, he tenido una
visión, en plan
niña-de-Lourdes... He visto, decía, que mi trabajo estaba
siendo mermado por
las más altas cotas de la desbandada ética que nos
aliena. Es por esto que,
una vez informe por escrito a la compañía,
empezaré a llamar sólamente a
rumanos de tarjeta que no hablen español demasiado bien. Al
resto de
clientes no, porque no creo que, moralmente hablando, tengan derecho al
uso
del móvil.
Algunos podrían pensar que ésta es una forma enrevesada
de arrimar el ascua
a mi sardina, o incluso algún tipo de maniobra dictada por la
Discordia y el
gnomo amarillo malvado de mi mesita de noche, pero se
equivocarían.
Es un derecho inalienable el no hacer aquello en que no creo desde lo
más
profundo de mis convicciones éticas e, incluso, religiosas
(¡las Musas son
diosas, caramba!), así que...
Bueno, pues el lunes, ya saben, empiezo mi objeción de
conciencia. Seguro
que dormiré mejor...
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